jueves, 24 de diciembre de 2009

Lo que todos saben de Stephen: un poco sobre la historia del Rey.

A veces es bueno comenzar a leer la historia de un grande de la literatura chatarra: alguien como Stephen King. La historia de ese grande proviene de sus textos. Muchos. El Rey nació en Portland, en 1947. Reside en Maine, un pueblito de los Estados Unidos; lugar con caserones, con un invierno eterno, propicio para inventar historias de vampiros y fantasmas. Como todos los que en la adultez conocen el éxito, la infancia del Rey fue atípica, ligada a las aventuras indirectas de programas de radio, cómics y novelas pulp. Al menos eso se deja entrever en sus libros autobiográficos como Danse Macabre y On Writing. ¿Quién puede negar la eficacia del Rey en la novela de terror actual? Carrie supuso el éxito inmediato, allá en los 70s. Un texto sobre una chica de instituto con poderes paranormales, cuya vida es causa de risas para sus compañeras. El Rey ha sido definido como el Dickens americano por su estilo popular y populista. Tiene influencias de grandes del género: Lovecraft y Poe… La crítica docta lo ha aplastado, aunque ahora último está siendo reconocido. Llama la atención que grandes novelas de la literatura universal hayan sido creadas pensando en realizar una literatura de consumo. No creo que Cervantes hubiese gestado El Quijote pensando en la posteridad. Jorgito Borges lo dijo una vez: cualquier escritor que desee los oropeles del éxito, comienza mal. Seguramente la frase que expuse en la línea anterior no es la exacta, pero la idea prevalece, es la correcta: el escritor que espera el éxito está condenado al fracaso. Es rico leer al Rey. Tiene un concepto de la realidad bastante peculiar: en 1963 se vio venir con su primer relato, Yo fui un ladrón de tumbas adolescente. Una mezcla entre teen-lit y terror puro como el alcohol para encendedores. El argumento de ese cuento tratra sobre un científico loco que cría gusanos gigantes y obliga a un adolescente a desenterrar cadáveres. El Rey dice que sólo necesita cuatro cosas para escribir: una buena idea, papel, café y música. Como todos. El Rey es el escritor con más adaptaciones al cine. Algunas no han tenido tanto éxito como sus libros, tal vez por lo expuesto por Hitchcok en lo referente a que las buenas obras literarias no son bien llevadas al cine…